Es febrero y hace frío en Brooklyn.
Para Mario Pacini, fontanero hijo de emigrantes italianos, es más frío y más
crudo todavía. Sentado en el puerto atrasa el momento de llegar a casa con los
bolsillos vacíos. Nunca ha pisado Sicilia pero la siente más próxima que la muy
cercana estatua de la libertad. Los remolcadores pasan dejando una cresta de
espuma en las olas. Mario los observa mientras piensa en todos los grifos de la
ciudad, en el agua cayendo a chorro. Finalmente se levanta y regresa a casa. En
el muelle deja olvidado su pesado cajón de herramientas cargado de llaves y tuberías.
Se encierra en su cuarto y al tercer día sale con los envoltorios de la tienda
de comestibles llenos de dibujos. Desde entonces cada grifo en el mundo lleva un
sifón que hace que el agua acaricie las manos, como espuma de las olas.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
Comentarios
Publicar un comentario