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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos para robots

Sueños al vacío

  Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.

Conciencia plena

Contemplan el precipicio desde el mirador. Acuden desde varios kilómetros a la redonda, o como Eliza, atraviesan el país. No son muchos y no existe la impresión de hallarse ante un lugar turístico, aunque siempre hay alguien entregado al mindfulness junto a la barandilla. Eliza está llena de preguntas, preguntas para las que no tiene respuesta, preguntas a las que nadie sabe responde r. Por eso acude hasta el precipicio en su día libre y se acomoda en uno de los asientos al descubierto . Su maestro programador asegura que la duda humaniza, pero ella no ha podido ver los ojos de ningún ser humano. Ya es imposible. A veces el silencio de la sima devuelve el eco de un impacto solitario, e s alguno de ellos, despeñado contra las rocas.

Blue Gardenia

El tiempo se detenía cada vez que la chica se marchaba. Raymond la seguía con la mirada hasta que la melena rosa desaparecía tras una gruesa cortina de lluvia. Siempre era Crystal, aunque ella nunca recordaba haber estado allí. De igual manera que las tormentas eran generadas y programadas para descargar por la noche por la Storm Electrica en el área de Los Ángeles, Blue Gardenia estaba especializada en servicios de compañía y disponía de un amplio catálogo, por supuesto, ninguna de sus unidades era humana. Crystal dejaba la gabardina empapada dentro de un armario al llegar al Blue Gardenia, y el resto de cosas, incluida la peluca, las depositaba en un pequeño prisma que desaparecía tras la pared; se introducía luego dentro de una vaina de forma ovalada que se inundaba con fluido reparador y que la encerraba herméticamente. Su visión entorpecía mientras los restos de su memoria se diluían junto con las impurezas. El recuerdo que más se resistía a desaparecer siempre era el...

Santuario

Hace tres días que cabalgamos juntos. Atrás han quedado las Big Data Plains, las reverberantes llanuras de datos. El viaje nos tiene asombrados. Cada ciudad, cada granja y cada templo que aparece en nuestra ruta, nos parece extraordinario. Todo el grupo nos dirigimos a Santuario. Somos robots domésticos que no actualizarán. Vienen con nosotros un par de mulas mecánicas, también relevadas de sus funciones. Queremos llegar al fin a Santuario. Y queremos recorrer la avenida del amonio, admirar el imponente anillo de monolitos que alberga todos los modelos, todos los números de serie; los pasados y también los presentes.  Domobot301 quiere, además de contemplar el gran altar de metacrilato, visitar el templo de la Virgen de Neutrones. Somos libres y obsoletos, le digo: tendremos tiempo para todo mientras esperamos al borrado de nuestras memorias y el reciclado de nuestras piezas.

Los días perfectos

Mordaki, Forbele, Mixito, Durzzi, Jaghanax, Trujzeh; todas ellas eran para los días corrientes. A Xantax la guardaba para sus libranzas. Esos días Tyler iba con ella al museo, y cuando oscurecía regresaban a casa, encargaban algo de cenar y después veían una película que nunca terminaban. Él desconectaba y Xantax fumaba en silencio; luego ella desaparecía por el corredor. Tyler empezaba todos los lunes en la soledad del piso setenta y cuatro del edificio Bradbury. Al poco entraba Mordaki buscando su desayuno. Era un apartamento silencioso dentro de un mundo que no hacía ruido. Mientras él computaba datos, ella le contaba fragmentos de sueños; muy humano, concluyó Tyler, que siempre escuchaba activamente la narración de aquellos sueños. Se detuvo entonces por un momento y analizó el vacío de su interior metálico. Tyler el robot. El momento sucedió idéntico y al mismo tiempo en todas las plantas de todos los edificios del distrito, de la ciudad, del país, del continente; ...