Esta noche, después de cenar, he
subido al estudio. He seguido subiendo
y he dejado el estudio atrás. He vagado a oscuras por estrechos pasillos
que conducían a escaleras y más escaleras. He pasado por puertas cerradas
durante años que temblaban y crujían con violencia, pero que enmudecían cuando
me acercaba. He subido y subido hasta donde ya no habían ni paredes ni puertas.
Desde allí arriba todo era lejano y diminuto. Y he seguido subiendo, cada vez
más ligero, sabiendo que ya nunca podría bajar.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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