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En la sala de los pasos perdidos


Una delgada línea separa los nombres de los años, y otra todavía más fina los meses de las semanas; la última y más fina de todas es la que separa los días. Todas ellas están recogidas en un pesado tomo que cada mañana abre un pequeño ujier en la Sala de los Pasos Perdidos. Tras desplegar sus lentes abre el tomo y con la punta del dedo, y acercando mucho la nariz, recorre despacio los nombres y las líneas. Cuando todo está revisado suena una campanilla y de una puerta oculta en la pared sale otro ujier, más pequeño más viejo y más ciego todavía, que le acerca un cofre con los sucesos previstos para el día. Veamos, carraspea. Pesca una trucha. Pierde el sombrero. Encuentra cinco florines. Empacho de tarta. Melancolía. Constipado. Dolor de muelas. Le roban el corazón…

Y así es como suceden las cosas.

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