El automóvil se paró a un lado de
la autovía y sus dos ocupantes bajaron para contemplar la silueta del
incinerador de basuras y la montaña de residuos que el crepúsculo recortaba sobre
el horizonte. Tomaron unas fotografías de la escena con una vieja polaroid que
rápidamente plasmó el momento en papel fotográfico. Miraron las instantáneas y
también la humeante planta industrial hundida ya en la oscuridad. No había
tráfico y caminaron unos pocos metros por la autovía, con las manos en los
bolsillos y cada uno por su lado, pensativos, en silencio. Al poco regresaron
al automóvil y dejaron las fotografías en la guantera junto a montones de otras
muchas de lugares inexplicables y rostros desconocidos. El automóvil despegó encendiendo sus
faros, y elevándose sobre la autovía a gran velocidad se perdió para siempre en
la noche profunda.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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