Burló a la muerte para
convertirse en su ama de llaves, y aunque todos en la aldea conocen la terrible
historia de la joven doncella confinada en el palacio de invierno, nadie se
atreve a pronunciar su nombre. Allí vive Griselda rodeada de cristales de
hielo, nieve y escarcha, deambulando por los solitarios corredores sin que la
muerte pueda tocarla, ni tan siquiera un mechón de su larga melena oscura. Cada
noche Griselda hace sonar su viejo y desafinado clavicordio mientras la muerte
descansa echada sobre un antiguo diván raído; es entonces cuando los aldeanos
se desploman al compás del minueto o la contradanza. Después la dama cuenta a
los infelices con su pequeño catalejo de hojalata; entre suspiros, Griselda, aprieta en su mano la pequeña llave que da cuerda a su corazón mecánico.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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