A falta de treinta y nueve metros
para alcanzar el centro de la montaña la maquinaría resopló y se detuvo en
silencio. El ingeniero se quitó el casco y rascó su calva empapada; en la cuadrilla, los obreros miraban incrédulamente. La tuneladora no pudo avanzar más allá de aquel
punto. Las posteriores e insistentes detonaciones con explosivos, cada vez más
potentes, no consiguieron brecha ni grieta en el macizo rocoso, que resultaba
infranqueable. Muy cualificados geólogos analizaron cada centímetro de piedra,
pero los muchos números y mediciones no pudieron explicar su inconcebible resistencia. Y allí
quedó. El contratiempo obligó a cambiar la planificación de la ruta comercial
que hubo de desviarse varios kilómetros. Finalmente, las obras acabaron con
algunos años de retraso respecto al plan original. Ahora los trenes atraviesan
el desierto como ciempiés infatigables, acompañados de una obstinada carretera
que discurre en paralelo. Viejos y delgadísimos zahoríes tatuados cruzan de
tanto en tanto el lugar vestidos únicamente con taparrabos, pegan la oreja al
suelo y escuchan. El corazón de la montaña guarda la pena del mundo, no se
puede atravesar.
Hace tres días que cabalgamos juntos. Atrás han quedado las Big Data Plains, las reverberantes llanuras de datos. El viaje nos tiene asombrados. Cada ciudad, cada granja y cada templo que aparece en nuestra ruta, nos parece extraordinario. Todo el grupo nos dirigimos a Santuario. Somos robots domésticos que no actualizarán. Vienen con nosotros un par de mulas mecánicas, también relevadas de sus funciones. Queremos llegar al fin a Santuario. Y queremos recorrer la avenida del amonio, admirar el imponente anillo de monolitos que alberga todos los modelos, todos los números de serie; los pasados y también los presentes. Domobot301 quiere, además de contemplar el gran altar de metacrilato, visitar el templo de la Virgen de Neutrones. Somos libres y obsoletos, le digo: tendremos tiempo para todo mientras esperamos al borrado de nuestras memorias y el reciclado de nuestras piezas.
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