Todo el mundo sabe lo que puede
encontrar en Boogie Street. Hay una banda de jazz que toca en playback, y gangsters
haciendo negocios tras el escenario; todos usan sombrero, todos roban y a todos
los han desplumado: es el único lugar del mundo donde nunca amanece y donde se compran
sueños perdidos a cambio de historias usadas. Una mentira vale tanto como una
verdad en el mercado negro de Boogie Street, las falsificaciones son tan reales
que en la calle de al lado nadie las distinguiría, sólo es necesario estar
dispuesto a creer que son auténticas. Nadie reclama por una historia fallida,
una promesa de segunda mano o por una traición a contraluz, nadie mira a los
ojos y nadie pregunta nada. Todos quieren empezar de nuevo en Boogie Street, done siempre hay
una partida en marcha y corre el dinero sucio, pero las cartas están
marcadas.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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