En menudo lío se había metido. Y
ella también. Se despertaron desnudos mientras el errático vuelo de los
abejorros zumbaba en el aire. Una gran voz retumbó como un trueno y bandadas de
aves alzaron el vuelo sobre el rosado atardecer. Bestias grandes y pequeñas
corrieron a ocultarse en la espesura y miríadas de diminutas patas se movieron
a toda prisa bajo el exuberante follaje. La fruta madura rodaba por el suelo y
el eco de una risa burlona se arrastraba serpenteando por todos y cada uno de
los recovecos del imponente vergel. Antes de ser expulsados echaron la vista
atrás avergonzados, donde una espada en llamas custodiaba la colosal entrada.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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