Esta historia está basada en hechos reales. Yo soy el protagonista y
todo lo que llevo encima o bien es barato o es falso: mi traje, la corbata, la
estilográfica imitación en plástico de Mont Blanc. Pocos saben que las enciclopedias
de hace cuarenta años siguen actualizándose a razón de dos tomos por año, y no
hay nada como un buen libro grande, de tapas duras. El saber ocupa lugar: varias estanterías; ese es mi lema. Una casa puede construirse apilando libros,
pero prueben a hacer lo mismo con la
Internet. Las eminencias no consultan Wikipedia; y no la consultan porque
sus oficinas están llenas de gruesos volúmenes repletos de conocimientos y atesorados durante años. Esa es la diferencia,
señora o señor. Y caen vencidos como reses cansadas. Y pagan el anticipo de
un par de tomos que nunca recibirán. Y acaba el relato, y mi obra, y yo mismo desaparezco.
Hace tres días que cabalgamos juntos. Atrás han quedado las Big Data Plains, las reverberantes llanuras de datos. El viaje nos tiene asombrados. Cada ciudad, cada granja y cada templo que aparece en nuestra ruta, nos parece extraordinario. Todo el grupo nos dirigimos a Santuario. Somos robots domésticos que no actualizarán. Vienen con nosotros un par de mulas mecánicas, también relevadas de sus funciones. Queremos llegar al fin a Santuario. Y queremos recorrer la avenida del amonio, admirar el imponente anillo de monolitos que alberga todos los modelos, todos los números de serie; los pasados y también los presentes. Domobot301 quiere, además de contemplar el gran altar de metacrilato, visitar el templo de la Virgen de Neutrones. Somos libres y obsoletos, le digo: tendremos tiempo para todo mientras esperamos al borrado de nuestras memorias y el reciclado de nuestras piezas.
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