Esta historia está basada en hechos reales. Yo soy el protagonista y
todo lo que llevo encima o bien es barato o es falso: mi traje, la corbata, la
estilográfica imitación en plástico de Mont Blanc. Pocos saben que las enciclopedias
de hace cuarenta años siguen actualizándose a razón de dos tomos por año, y no
hay nada como un buen libro grande, de tapas duras. El saber ocupa lugar: varias estanterías; ese es mi lema. Una casa puede construirse apilando libros,
pero prueben a hacer lo mismo con la
Internet. Las eminencias no consultan Wikipedia; y no la consultan porque
sus oficinas están llenas de gruesos volúmenes repletos de conocimientos y atesorados durante años. Esa es la diferencia,
señora o señor. Y caen vencidos como reses cansadas. Y pagan el anticipo de
un par de tomos que nunca recibirán. Y acaba el relato, y mi obra, y yo mismo desaparezco.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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