Contaré hasta tres veces la
historia y nadie la creerá. Sucede lo mismo en cada ciudad que he visitado,
tanto en barrios altos como en suburbios. Escuchan atentos sin mover un
músculo, me miran, y con la última palabra me dan la espalda. Después de haber
recorrido el país durante el último año vuelvo a Las Vegas, estoy cansado de
contar mi historia. En el pequeño televisor de mi apartotel Ronald Reagan está jurando
la constitución, la CBS lo emite en directo, todo el mundo cree al viejo cowboy
trajeado de folletines para los jueves noche; también a mí me creían a ciegas,
entonces, claro, no ahora. El parking está especialmente vacío, ni siquiera hay
parejas de casados disimulando y en el televisor continúa la ceremonia entre los
aplausos de la multitud; todavía me parece estar viendo aquellas chicas
gritando junto a las pancartas en primera fila… Presley for President.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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