Estamos esperando al hombre
mágico. Hace ya meses que acabaron las provisiones y la carne ahumada es como
el caucho, difícil de tragar. Henry duerme ahora agotado en su jergón. Enviamos
mensajes al continente, pero o no los reciben, o los ignoran, o no queda nadie
que los quiera escuchar; puntos, rayas y espacios pulsados hasta la
extenuación, y de nuevo el silencio. Henry telegrafía incluso en sueños, pero
desconozco a quién o dónde dirige sus mensajes cuando sueña, la expresión de su
cara al despertar no es agradable, prefiere callar. Esperamos en esta vieja
cabaña grasienta, unidos al continente por miles de kilómetros de cable
acorazado y mudo. La ventisca azota las sepulturas de la expedición, limpio el
vaho del cristal, bajo la mirada y escucho el sonido del auricular, un zumbido
eléctrico y monótono, acaso es la nada, ¿Qué nos ha traído Dios? y todo vuelve a
empezar.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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