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Suite inglesa


Tenía algo en la cabeza: era la rutina y un piano desafinado. La cascada de notas resonaba con brío en el interior de la noble madera  hasta desmoronarse al llegar a la fuga. Entonces la música se interrumpía bruscamente. Durante esos silencios escuchaba los pájaros del bosque cercano y también el eco de los trabajos diarios; pero tras echar un vistazo a los papeles, apático, desplegaba de nuevo sus dedos sobre el teclado. Los pequeños martillos golpeaban mecánicamente las cuerdas del brillante Bösendorfer de cola negro sobre el que reposaba la gorra con la calavera y los huesos bordados. Y así, día tras día, mientras la ceniza descendía mansamente igual que la nieve primeriza, un pliego de folios, repleto de nombres mecanografiados, esperaba ser firmado entre la partitura de la suite inglesa.

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