Ella es modelo, pero en el
orfanato era la más fea, la más hija de puta y la que tenía las piernas más
largas. No había castigo, por severo que fuera, que pudiera doblegar su maldad.
Por la noche la encerraban sin cenar en un cuarto oscuro; a la mañana salía
sonriente levantando el dedo, jodeos. Lo dejó atrás al cumplir los
dieciocho; la noticia allí fue una bendición.
Ya convertida en mujer, apuró
todos los excesos que su belleza le proporcionaba. Era tan fácil que resultaba
injusto. Recorrió esos años a toda velocidad, como un bólido hecho para el
placer, despreciando cualquier destino que no fuera extinguirse con una
llamarada. Así lo hizo. Estrelló su deportivo en los Alpes, la bola de fuego y
chatarra recorrió el túnel chocando contra los muros hasta que se detuvo por
completo. Y regresó al orfanato. Ahora los
oscuros pasillos de la residencia son pasarelas donde unos afilados tacones
marcan el paso de sus piernas carbonizadas. Jodeos, cabrones.
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