Un golpe de viento alborota los
papeles, porque a pesar de todo sigue habiendo papeles que suben bajan y se
persiguen en los rincones. Queda todavía algo de rebeldía entre la mercancía
barata de los días que pasan, aunque la sorpresa siga vendiéndose cara. Un
golpe de viento hace que nombres y lugares se mezclen en una baraja de
posibilidades. Con un golpe de suerte, bolsas papeles y envoltorios pueden
ganar la jugada. Su juego es sencillo. El viento los levanta y se los lleva lejos,
dejando atrás el lugar donde ya nadie los quiere. Sin un golpe de viento los
que quedan se desinflan, pierden trozos de colores algunas letras y números, colman
las papeleras y vagabundean a ras de suelo. La suerte levanta más expectativas
que el viento, aunque no hace tanto ruido.
Hace tres días que cabalgamos juntos. Atrás han quedado las Big Data Plains, las reverberantes llanuras de datos. El viaje nos tiene asombrados. Cada ciudad, cada granja y cada templo que aparece en nuestra ruta, nos parece extraordinario. Todo el grupo nos dirigimos a Santuario. Somos robots domésticos que no actualizarán. Vienen con nosotros un par de mulas mecánicas, también relevadas de sus funciones. Queremos llegar al fin a Santuario. Y queremos recorrer la avenida del amonio, admirar el imponente anillo de monolitos que alberga todos los modelos, todos los números de serie; los pasados y también los presentes. Domobot301 quiere, además de contemplar el gran altar de metacrilato, visitar el templo de la Virgen de Neutrones. Somos libres y obsoletos, le digo: tendremos tiempo para todo mientras esperamos al borrado de nuestras memorias y el reciclado de nuestras piezas.
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