Un golpe de viento alborota los
papeles, porque a pesar de todo sigue habiendo papeles que suben bajan y se
persiguen en los rincones. Queda todavía algo de rebeldía entre la mercancía
barata de los días que pasan, aunque la sorpresa siga vendiéndose cara. Un
golpe de viento hace que nombres y lugares se mezclen en una baraja de
posibilidades. Con un golpe de suerte, bolsas papeles y envoltorios pueden
ganar la jugada. Su juego es sencillo. El viento los levanta y se los lleva lejos,
dejando atrás el lugar donde ya nadie los quiere. Sin un golpe de viento los
que quedan se desinflan, pierden trozos de colores algunas letras y números, colman
las papeleras y vagabundean a ras de suelo. La suerte levanta más expectativas
que el viento, aunque no hace tanto ruido.
Tras una noche de insomnio, la SATOR VERTICAL evidenció fallos en el envasado de los saquitos de pistachos al punto de sal de 150g, que henchidos de aire y únicamente con un par de frutos dentro, se amontonaban en el extremo de la cinta transportadora. Por su parte, VENDOR S.L. envió a su técnico, que ni encontró falla en la envasadora ni mal reglaje: La máquina no duerme por las noches, detal ló en su informe. Muchos kilómetros después, aburrido en LA CARRETA, mesón habitual de la ruta hacia Cáceres, Eugenio Mancebo, técnico de VENDOR S.L., pinchaba con su mondadientes uno de los saquitos defectuosos y caía dormido al respirar su contenido. En lo profundo del sueño, la envasadora confesó su legítima aflicción: atornillada al cemento, solo conozco esta nave… estas bolsas al vacío. Al despertar, el técnico de VENDOR S.L., se frotó los ojos sin entender nada.
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