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Viaje al final del olvido

El verano en que empecé a decir los Stones en lugar de los Rolling casi terminaba. Una variada colección de pantalones cortos y bikinis asomaba por nuestra habitación de veraneantes. Las juntas de las baldosas tenían arena de mar, igual que entre las páginas muy usadas de mis lecturas; recuerdo también pequeñas cochas y caracolas sobre la mesa.


Un autobús ronco me devolvía hasta Madrid. Al otro extremo las playas y los días se hacían pequeños, aunque me siguieron un rato antes de desaparecer. Después llegó la nada y entonces supe que había viajado hasta allí para dejarte clavado en aquel verano, junto a tu motocicleta y tus maneras de rebelde urbano. Amanecí entre los ruidos de la capital, un día de septiembre, sin distinguir a los Rolling de los Stones; no me importaba. En tu lugar había un agujero negro que erraba constantemente tu nombre y mi historia. Los árboles caían sin motivo en la Gran Vía.

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